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Predicando Uno a Uno (1)
Si bien el predicar al aire libre es una manera eficiente de proclamar a muchas personas el mensaje de las buenas nuevas, lo más efectivo es predicar uno a uno. Puedes llegar a prescindir del evangelismo al aire libre, pero no del uno a uno. Incluso de nada servirá si predicas a las multitudes y no hay quienes hablen uno a uno a los interesados.

LOS PASOS DEL GALILEO

No podemos tomar una sola experiencia de Jesús para presentarla como “el gran modelo de evangelismo personal” pues el Señor se acercó de diferentes maneras, de acuerdo a lo que Él conocía de cada persona. Por ello al acercarse a Nicodemo, quien tenía un corazón ya preparado por la ley, le dijo “te es necesario nacer de nuevo”. Al joven rico le señaló que debía guardar los mandamientos, y dejó en evidencia que su gran problema estaba en el décimo mandamiento: “no codiciarás” y en los primeros cuatro “poner a Dios en primer lugar”. A la mujer sorprendida en adulterio, camino al paredón para ser apedreada por religiosos hipócritas, Jesús no necesitaba hacerle ver que había quebrantado la ley. Ella lo sabía, lo aceptaba y estaba siendo acusada públicamente de su pecado. Jesús le dijo “ni yo te condeno, vete y no peques más”. ¿Y a la mujer samaritana? El Señor tocó su miseria moral al hablarle de su adulterio. Debido a que Él es Dios y sabía lo que había en el hombre conocía en qué etapa de preparación estaba el corazón humano. Pero ni tu ni yo somos Dios y no conocemos cual es la experiencia y el pensamiento de una persona a quien le hablamos el evangelio.

Por ello la ley es nuestro radar espiritual, con ella nos damos cuenta donde se encuentra la persona. Si la persona, al mencionar los mandamientos, es sensible y muestra una profunda constricción y quebrantamiento de corazón podremos pasar a predicarle de la gracia de Dios. Pero si la persona es orgullosa, y sigue diciendo que es una buena persona ante los hombres y ante Dios, no debemos guardar la espada en la vaina. Debemos aplicar la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios y cortar. Hay que penetrar hasta partir el alma, la mente y el espíritu. Es necesario que la conciencia sea despertada y a través de la ley ir desmenuzando el orgullo. Si la persona sigue con su corazón altivo, si a pesar de llevarle con la hoz de Su palabra se niega a reconocer que está mal delante de Dios, que está perdido... ¿Hay forma de que la persona se salve?. En esa condición no. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. El gran gozo siempre es por pecadores que se arrepienten y no por justos que creen que no necesitan arrepentimiento.

Si una persona se ve a sí misma con un sentido de propósito elevado, sin sentir dolor porque sus caminos se han alejado de Dios, entonces su actitud es como la del hijo pródigo al salir de casa “dame la parte que me corresponde.” Su visión es “Dios dame la herencia, el regalo” y de esa manera puede hacer su vida como quiera. ¿Cómo evitar tener iglesias llenas de hijos pródigos que cada fin de semana vienen a la casa del Padre para recibir la cuota semanal y luego ir, el resto de la semana, a la ciudad alejada para desperdiciarla en el pecado? Para esto hay que transitar el camino del galileo.

No quisiera que este libro sea ideológico sino práctico. La pregunta que muchas veces nos hacemos es “Está bien, sé el por qué debo predicar. Sé el qué predicar. Pero no sé el como predicar.” Desde este capítulo en adelante compartiré una manera de predicar, usando la cual no nos olvidaremos ningún punto del evangelio. Para ello usaremos la palabra APLICAR como nuestra ayuda-memoria. En este capítulo hablaremos del Acercamiento y la Pregunta y en los próximos miraremos los demás puntos. Debe recordar que esto es solo una forma de hacerlo, no la única. Lo importante es que seamos fieles, no a un método, sino a la eterna Palabra de Dios:

Acercamiento
Pregunta
Ley: La cátedra de Moisés
Infierno:
Cruz:
Arrepentimiento:
Renacer:

Acercamiento

El acercamiento es el paso inicial. Jesús estaba a la mano, cerca de las personas. Podemos estar cerca de una persona pero no haber llegado a ella. Cuando Saúl perseguía a David entró a la cueva donde estaba David, estuvo cerca pero no llegó hasta él. Sin embargo David sí llegó hasta Saúl. El que Jesús estuviese junto al pozo de Jacob (Jn. 4) fue intencional, pues sabía que vendría esta mujer y el contacto y la charla sería inevitable. Dios no quiere cristianos distantes, que no pisemos la vereda del blasfemo porque nos podemos manchar los pies. El ganador de almas no debe ser evitable. Debe pasar, saludar, estar cerca, mezclarse con las personas.

¿Cómo crear esa cercanía? El saludo, la sonrisa y el contacto de ojos establecen puentes de relación interpersonal. Es difícil que te niegues a recibir un folleto de alguien que cuando estás pasando te sonríe, te saluda y mira tus ojos. Cuando estoy en el centro de la ciudad, haciendo trámites, me llevo un stock de folletos y lo reparto mientras camino (incluso esto me ayuda a acelerar el paso). Al caminar y usar estas tres sogas: el saludo, la sonrisa y el contacto de ojos, sucede habitualmente que hay personas que saludan como si fueras un conocido de ellos y reciben el folleto con un “Hola” y un “gracias”.

En este acercamiento hay que tener el espíritu de Cristo. O sea, cuando una persona te rechaza no debes decir “¿No lo quisiste? ¡Perdiste!” sino debes bendecir a la persona. Le puedes decir “Dios te bendiga, que pases un lindo día”. Y “ascuas de fuego estarás amontonando sobre su cabeza”. Me ha sucedido, en oportunidades, que al bendecir a la persona diciéndole “Dios te bendiga. Espero que pases un buen día” la persona me dice “¡Ah! ¿Es acerca de Dios? déme uno por favor. Gracias”. El bendecir es terapia espiritual para el evangelista ¿lo sabías? Pues al hacerlo no solo reaccionas como Cristo, y puedes hacer despertar la conciencia a la persona; sino que también te hace mas rico espiritualmente. Dios dice que eres bienaventurado (Mt. 5:11-12, 44-45). Haz la prueba y verás.

Pregunta

Jesús en numerosas oportunidades comenzaba el encuentro con una pregunta. “¿Qué quieres que te haga?”, “¿Porqué me tientan?”, “¿De quien es la moneda?”, “¿Porqué lloras?”, y el comienzo de la entrevista con la mujer samaritana no era una imposición, sino un pedido que bien se puede colocar en forma de interrogación “¿Me das de beber?”.

Con la pregunta Jesús ROMPE EL ESQUEMA. Esa pregunta no solo es el inicio de una conversación sino un punto de ruptura en las ideas preconcebidas. Un judío no hablaba con samaritanos, y un varón no hablaba con mujeres desconocidas. Lo que habitualmente sucedía en esas circunstancias era que mientras la mujer hacía su trabajo, el judío la miraba con desconfianza. Y allí terminaba todo. Pero Jesús hace algo que rompe los esquemas.

Mark Cahill en su libro “Lo único que no podrás hacer en el cielo” enseña diferentes preguntas para usar. Una de ellas es acercarse a una persona y decirle “Necesito direcciones ¿Me puede ayudar?” y las personas inmediatamente le dicen “seguro ¿Adonde quiere ir?” y Mark les dice “Estoy tratando de llegar al cielo ¿Sabes como llegar?” Otras preguntas para el acercamiento, extraídas del libro de Mark Cahill son:
“¿Dónde estás en tu viaje espiritual?”
“Si murieras esta noche ¿estás cien por ciento seguro que irías al cielo?”
“Si murieras esta noche y estuvieras delante de Dios, y Él te preguntara: ‘¿Porqué debería dejarte entrar al cielo?’ ¿Cuál sería tu respuesta?”
“Cuando uno muere ¿Qué crees que hay al otro lado?”
“¿Porqué llevas esa cruz al cuello?”
“¿Quieres ir al cielo?”
“El día en que mueras ¿Qué crees que será lo mas importante para ti?”

Los dos bajitos de Sydney

Si me conocieras en vivo y en directo, entenderías el porqué me llaman la atención los personajes de baja estatura. Grande fue mi alegría al saber que Wesley medía un metro con sesenta y dos centímetros (¡mi altura!). Pero de todos los bajitos hay dos que me han impactado tanto, que han afectado mi forma de realizar evangelismo. Estos dos bajitos para el mundo, fueron gigantes para Dios. Ellos son Mr Jenner y Mr. Stace.

El señor Jenner o el señor Pregunta “¿Le puedo hacer una pregunta?” Con esta presentación, este hombre se acercaba a los transeúntes en George Street. Era un señor mayor, simpático, bajito y canoso. Luego que la persona se detenía para responder la pregunta, que esperaban fuera de ocasión, Mr Jenner les decía “¿Es usted salvo?” la persona generalmente se sorprendía y más aún quedaba impactada por lo que seguía “Si usted muere hoy ¿va al cielo?” Y no importa lo que la persona contestara, este hombre bajito le sonreía, le dejaba un folleto y volvía a su lugar de espera, para la próxima persona.

Hay una historia que es relatada en forma deformada acerca del impacto de esa pregunta. Se dice que un pastor bautista conoció a cientos de convertidos a partir de la pregunta de la eternidad, y que la mayoría eran pastores y misioneros. Y que Mr Jenner hizo esta pregunta durante 40 años antes de conocer el impacto que ella tuvo. Fui tocado por esta historia a tal punto que me convertí en uno de los propagadores de ella. Pero la historia verdadera, esa que tiene nombres y apellidos para verificar, llegó a mí poder hace poco tiempo en inglés. Y la resumo a continuación…

En el verano de 1953 el reverendo Francis Dixon de la Iglesia Bautista de Lansdowne escuchó, en una noche de testimonios, dos historias muy parecidas de dos marineros británicos, que no se conocían entre sí. Cada uno contó que estando embarcados y hacer puerto en Sydney se encontraron con un hombre en George Street que les hizo una pregunta extraña: “joven, si murieras esta noche. ¿Dónde estarías? ¿En el cielo o en el infierno?” y esa pregunta les dejó tal inquietud espiritual que al volver a Inglaterra buscaron ayuda y con el tiempo ambos llegaron a ser cristianos. Uno de estos hombres, Peter Culvet, fue llevado, por el mismo Dixon, a los pies de Cristo.

Este pastor hizo un viaje luego a Nueva Zelanda y Australia, comentando la historia en: Adelaide y Perth. Y en esos lugares conoció a Murray Wilkes y otra persona más que fueron impactados por la pregunta de este bajito canoso en George Street.

Francis Dixon viajó luego a Sydney donde se propuso conocer al hombre bajito de la pregunta. Se encontró con Alec Gilchrist a quien le preguntó si conocía a un evangelista que hacía esa pregunta en George Street. “Lo conozco bien” dijo Alec “Su nombre es Frank Jenner. Él, al igual que yo, trabaja en la Marina y es marinero. Se congrega en una de las Asambleas de los Hermanos en Sydney. ”

Mas tarde, en la casa de Frank y Jessie Jenner, cuando Francis Dixon le contó estas cuatro historias de hombres que habían respondido a la simple pregunta suya, Frank Jenner, con lágrimas en sus ojos, cayó de rodillas y oró: “Oh Señor, gracias por tu paciencia para conmigo.” Luego de un tiempo de oración, Jenner confesó que después de hablarles a diez personas por día, en los últimos 16 años, esa era la primera vez que escuchaba de estos resultados. “tu sabes, nunca escuché de nadie a quien yo le hablara que luego siguiera al Señor. Algunos profesaron salvarse cuando les hablé, pero nunca supe más de ellos”

Mr. Jenner, tenía una salud delicada debido a sus malos hábitos antes de convertirse a Cristo. Estaba tan afectado por los problemas de salud que antes de cada encuentro en George Street oraba silenciosamente “Señor, puedo hacer todas las cosas a través de ti que me das las fuerzas” La primera vez que acuñó su famosa pregunta fue en 1937, y a través de los años la preguntó a unas 100.000 personas.

El reverendo Dixon conoció a unas diez personas, en total, que fueron conducidas a buscar al Señor a través de esa pregunta. El número completo y verdadero lo conoceremos en el cielo. Pero piensa… ¡Cuantos más han sido impulsados a una manera diferente de testificar a través de Mr. Jenner! No soy el mismo luego de conocer esta historia. Me costó varios meses asimilarla y llegar a animarme a hacerla por primera vez. Desde entonces, y luego de haber ensayado diferentes maneras de comenzar una conversación con un desconocido en la calle, he descubierto que no hay otra pregunta que prepare el corazón como lo hace esta.

El Sr. Stace o Sr Eternidad. Era el 14 de noviembre de 1932 y en el Tabernáculo bautista de la calle Burton en Darlinghurst (Sydney) predicaba John G. Ridley un mensaje titulado “Ecos de Eternidad” y entre los asistentes a esa conferencia en Sydney había un ex alcohólico y analfabeto que hacía dos años se había convertido a Cristo. Arthur Stace, de 48 años, estaba atento a cada palabra que se exponía.

De pronto y de una forma improvisada el veterano predicador dijo una frase que taladró los oídos y el corazón Stace: “ETERNIDAD, ETERNIDAD, quisiera poder proclamar y gritar esa palabra a toda persona en las calles de Sydney. Tienes que confrontarlo, ¿dónde pasarás la eternidad?”. En ese momento Arthur sintió un llamado de parte de Dios. No podía sacarse de la mente la frase “Eternidad, eternidad… esa palabra… en las calles de Sydney” Para él fue una voz clara que le indicaba que debía escribir esa palabra en el piso. Hurgó en su bolsillo y encontró una tiza. De allí en adelante y por 37 años los habitantes de Sydney se encontraron cada mañana confrontados con la palabra ETERNIDAD escrita con tiza en una caligrafía perfecta. Este mensaje de una sola palabra fue escrito más de quinientas mil veces en las veredas de la ciudad y en lugares considerados inalcanzables. El autor de este graffiti era un misterio para los habitantes de la ciudad.

Lo curioso de todo esto es que Stace apenas podía escribir su propio nombre, y la única palabra que podía escribir en esa caligrafía exquisita era la palabra Eternity (Eternidad). Sin duda esta era una capacidad dada por Dios.

Todos en Sydney hablaban de alguien a quien habían apodado Mr. Eternity (Sr. Eternidad). Incluso los diarios tenían una sección donde informaban de los lugares curiosos donde había estado el Sr. Eternidad. Hasta que un día, mientras estaba escribiendo la palabra fue descubierto por el reverendo Thompson quien le preguntó “¿Es usted Mr. Eternity?” a lo que Stace respondió “Culpable, su Señoría.”

Cientos y miles de personas fueron impactadas por esta palabra. Esa palabra que Dios la escribió en el corazón del ser humano, y que le recuerda que un día deberá estar en uno de dos lugares: cielo o infierno… por la eternidad. El 1 de enero del año 2000 la transmisión televisiva de las celebraciones del “milenio” mostró el Puente del puerto de Sydney, con un tributo de la ciudad a uno de sus más excéntricos ciudadanos. Allí se leía una palabra con trazos exquisitos, era la palabra ETERNIDAD.

Mientras estoy escribiendo este párrafo tengo archivos minimizados en mi computadora, se trata de una campaña evangelística que estoy diseñando. Esa campaña se llama Eternidad. Y está muy unido a esto que hacía Arthur Stace. Sí. Aquel hombrecito que nació en el siglo XIX, cuyo ministerio de una palabra fue un impacto en el siglo XX, y su acción influye en cristianos del siglo XXI para imitarle. El efecto de un bajito con una tiza en el pavimento y el corazón en el cielo, sin duda trae ecos de eternidad.

¡DESPERÉZALES!

La pregunta que leerás en varia oportunidades en este libro, definida como la pregunta de la eternidad es: “Si mueres hoy ¿Dónde irás? ¿Al cielo o al infierno?”

Dios ha colocado en el interior del ser humano dos sentidos de tiempo: A- Ha puesto límite a su habitación, o sea ha establecido un día en el cual el hombre nace y un día en que muere. B- Ha colocado eternidad en su corazón.

Si detienes a las personas en su caminar y lo confrontas con la posibilidad de que un día morirá y tiene que enfrentar la eternidad, inmediatamente se despertarán estos sentidos. Y la conciencia se predispondrá a “desperezarse”. Rompiste sus esquemas, le colocaste directamente ante la eternidad.

Cuando la persona queda en silencio, tartamudea o pide que le repitas la pregunta, es porque la alarma interior ha comenzado a sonar. Si lo que has decidido hacer es simplemente entregar un folleto dile “es importante saber esa respuesta. Aquí tienes un folleto que te puede ayudar”. Te sorprenderás, te lo aseguro. La mayoría de las personas te dice “muchas gracias” pero lo dicen con entonación en la voz, realmente reconociendo que le has ayudado a detenerse y pensar en la eternidad.

Si deseas dar un breve impacto para que la persona lea el folleto con más avidez puedes decirle:

“¡Cuántos hay que se preparan para una cita y ésta no ocurre! Puede ser una persona que no llega a la cita, o una cita de trabajo que se posterga, o un casamiento que no se concreta o te preparas para un examen y no lo toman o aún puedes hacer los preparativos para el nacimiento de un bebé y lamentablemente este no nazca. Pero hay una cita que sí o sí ocurrirá UN DÍA VAS A MORIR ¡Y cuan pocos son los que se preparan para esta cita! Espero que este folleto te ayude a estar preparado”

Una persona a quien le has dado un folleto sin acercamiento, puede mirarlo y guardarlo para después. Si te has acercado. Si le saludaste, le sonreíste, y le miraste a los ojos; la persona te dará las gracias y lo leerá para saber que es lo que entrega esta persona tan simpática y amigable. Pero si haces la pregunta de la eternidad, te aseguro que la mayoría irá caminando y leyendo el folleto. Incluso he visto personas detenerse y sentarse en un banco de la plaza para leerlo.

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El rincón del evangelista

“¿Por qué no usar mejor la pregunta positiva?”

Hay quienes usan la pregunta de la eternidad pero en una manera positiva: “¿Eres salvo? Si mueres hoy ¿vas al cielo?” Es una forma no confrontacional de presentar la misma verdad. He comprobado que el uso directo de la otra forma es más efectivo. Pues te permite evaluar el lugar de creencia de la persona.

*Si la persona contesta “en ningún lado” o que luego de morir estará en el cementerio o dos metros bajo tierra está expresando que no cree en el cielo ni en el infierno. Esta persona puede ser un ateo, un testigo de Jehová, un adventista o uno de la nueva era.

*Si la persona dice en el purgatorio te está diciendo que es católico apostólico romano

*Si la persona dice en el cielo o en el infierno conviene establecer de entrada sus creencias. Yo lo hago de la siguiente manera. “Entonces si dices que vas al cielo (o infierno) me dices tres cosas:
1- Que crees que luego de la muerte hay un cielo y hay un infierno
2- Que crees que hay un Dios delante del cual debemos rendir cuentas en el día del juicio
3- Que crees que la Biblia es la Palabra de Dios
De esta manera con una sola palabra que te responde ya has establecido donde se coloca la persona respecto a la eternidad.

Al principio, cuando comencé a hacer la pregunta de la eternidad, usaba la forma positiva. Les decía “Discúlpeme ¿Puedo hacerle una pregunta?” cuando me decían que sí les preguntaba “¿Es usted salvo?” las personas contestaban generalmente “¿Cómo dijo?” y les decía “¿Es usted salvo? Si usted muere hoy ¿va al cielo?” Pero cambié por la manera más directa luego de tener una entrevista con una telefonista que insistía en cambiarme de empresa de internet. Pues cuando le hice la pregunta sucedió lo inesperado:
-“¿Eres salva?”
-“No, no soy Alba. Soy Alejandra, Alejandra Ibañez.”
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Heber A. Gallitto
Comentarios
Raudilio Garcia 16 de Diciembre de 2009 a las 15:15 Hs.
Extraordinario! Practico! y muy util.Agradesco si comparten con nosotros us recursos evangelisticos. gracias
Ruben 16 de Noviembre de 2009 a las 16:05 Hs.
excelente, muy útil y practico, gracias por editarlo. Rubén
Maria 08 de Septiembre de 2009 a las 22:27 Hs.
Muy bueno,lo escrito xest hrmano,gracias mi Señor por la vida del mismo...El hombre busca mejors metodos y Dios busca mejores hombres para la extención del evangelio...
Juan C Mouso 17 de Agosto de 2009 a las 16:17 Hs.
Es un arma poderosa revelada de parte de Dios, para la extención del evangelio, la cual debe ser tomada por cada uno de los que hemos conocido a Cristo, y estamos concientes de la gran comisión.
alberto ortega 16 de Agosto de 2009 a las 13:36 Hs.
muy ameno e interesante.Nos ayuda a exponer con precision y claridad el plan de salvacion del Senor.Acabo de suscribirme a la voz biblica y todos los dias encuentro cosas de gran valor.
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