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CULPABLE (Ideal para mormones)
El solo hecho de haber nacido mormones, especialmente con piel blanca, era la más grande de todas las bendiciones terrenales. Era un privilegio especial que se buscaba seriamente, una recompensa que se ganaba en el cielo, una señal de distinción. El mormonismo enseña que todas las personas de complexión oscura nacieron oscuras e inferiores en la tierra por causa de pecados y falta de valentía de su parte en una aparente vida anterior.

Como mormona blanca, orgullosamente aceptaba yo la enseñanza según la cual mi bella piel y mi parentesco mormónico significaban que yo había sido uno de los más inteligentes y obedientes espíritus hijos de Dios nacidos en el cielo.

Por primera vez en mi vida comencé a leer la Biblia. Probaría a Ernesto, mi marido, que no era mormón, y especialmente a su familia, que yo no nací pecadora, sino que, como muy a menudo se lo había manifestado a ellos, yo era un espíritu hijo engendrado por Dios. También les probaría que yo, como espíritu hijo favorito de Dios, realmente había nacido en este mundo con una bondad innata, mirando y actuando en forma muy parecida a mi padre celestial y a mi madre celestial, como también lo habían hecho mis padres terrenales.
¡Pero para mi decepción, mientras estudiaba la Biblia para probar que no era pecadora, me convencí de que lo era! Comencé a sentirme incómoda. Ya no me sentía satisfecha conmigo misma. Molestada por mis faltas y mis fracasos (los mormones nunca los llamábamos pecados), ya no podía endulzar ni suavizar mis pecados, ni lanzarlos a un lado para examinarlos posteriormente.

El Espíritu Santo me condujo al conocimiento y a la convicción de que yo era una pecadora, aunque fuera una santa de los últimos días. Me hizo comprender que era culpable de muchísimos pecados, pero que el pecado más grande consistía en no haberle dado a Cristo el primer lugar en mi corazón ni en mi vida.
¡Aunque yo era una "santa" de los últimos días, aun así era pecadora! Y necesitaba la salvación. Fue Por Mí que ocurrió lo siguiente:

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda más tenga vida eterna... El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
Juan 3:16, 18

Fue entonces cuando comprendí que, aunque yo era una santa de los últimos días, tenía que confiar mi vida entera a Jesucristo. Alegremente me entregué a Él. Tenía los ojos tan abiertos por lo maravillada que estaba de todo esto, que no los cerré, ni incliné la cabeza. Me sentía feliz de saber que Dios y Jesucristo me amaron tanto. Mi corazón vibraba con el arrobamiento, y me dolía por la vergüenza y la tristeza, cuando busqué el perdón por haber tomado como un hecho que lo que de Cristo era algo que yo ya lo sabía. Le di las gracias por haber continuado amándome cuando yo en realidad nunca lo había amado ni adorado. Ahora sabía que Jesucristo había estado dispuesto a abandonar el cielo y descender a la tierra para hacerse pecado a causa de su amor y de su preocupación por mí. No había venido a buscar una exaltación hacia la divinidad para sí mismo, como siempre me lo habían hecho creer, Jesucristo ya era Dios. Dios el Hijo había venido a buscarme y a salvarme; a mí, una santa de los últimos días.

Mi querido amigo mormón y todos los que leen estas páginas: ¿Quieren ustedes ser librados de la prisión del pecado? ¡Ah! Que ustedes quieran acudir al mismo Jesucristo que dijo: "Venid a mi todos los que estáis fatigados y cargados, y os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón; Y hallaréis descanso para vuestras almas" (Mateo 11:28,29).

1. Usted necesita ser salvo. Dios declara: "Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios" (Romanos 3:23). "Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Romanos 6:23).

2. Jesús ya proveyó la salvación para usted. "Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios" (1 Pedro 3:18). "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16).

3. Usted no puede salvarse a sí mismo, ni ninguna iglesia puede salvarlo. "Hay camino que al hombre le parece derecho; pero al final es un camino de muerte" (Proverbios 14:12). "Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6).

4. Usted tiene que recibir a cristo para ser salvo. "Pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no han sido engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad" (Juan 1:12-14).
Usted puede recibir a Cristo ahora mismo por la fe mediante una oración:

"Señor, te necesito. Estoy convencido de que soy pecador. Creo que Cristo murió por mí. En este momento pongo mi confianza completamente en Jesucristo como mi Salvador y Señor. Gracias te doy por perdonarme mis pecados y darme la vida eterna."

Comience a leer la Biblia diariamente. Comience con el Evangelio según Juan. Pida diariamente al Señor su sabiduría y su guía. Permita que otros sepan que usted tiene una nueva relación con Dios por medio de Jesucristo.

Extractos del libro "El Mormonismo y Yo" de Thelma de Geer (foto).
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