Desconocemos el autor de esta poesía, pero es un buen despertador que de tanto en tanto debiéramos leer.
Querido amigo
De mi casa muy cerca tu viviste;
Mis sueños, gozo y lágrimas supiste.
Un amigos por años, es verdad;
Me ayudaste en gran necesidad.
Pero qué triste se ve ahora la evidencia,
Que amigo fuiste tan solo en apariencia.
El día que mi vida terminó,
Que no fuiste fiel amigo, supe yo.
Andando juntos por el mundo terrenal,
Jamás me hablaste de la vida espiritual.
Nunca me dijiste cuan perdido fui,
Ni tampoco que Jesús murió por mí.
No hagas ahora lo de tiempo atrás.
Haz todo lo que puedas, avisa a los demás.
Y suplícales mientras estén contigo,
Que nunca vengan a sufrir conmigo.
“Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento” (Lc. 16:27-28) Palabras del rico a Abraham, desde el infierno.
www.lavozbiblica.com
Iglesia Cristiana Evangélica | Cervantes 547 | Paraná | Entre Ríos | Argentina